domingo, 18 de julio de 2010

Los chakras y la energía corporal


Los chacras son corrientes de energía que circulan en el cuerpo humano.

Todos tenemos siete vórtices de energía concentrada y cada uno de ellos se relaciona con distintos aspectos de nuestra vida y maneja una energía particular que transmite al resto del cuerpo físico, mental y espiritual.

Son siete focos magnéticos, siete centros energéticos ubicados en el cuerpo desde el perineo hasta la zona del aura que se encuentra por encima de la coronilla.

También se los puede explicar como siete torbellinos de energía giratoria encargados del intercambio de energía y de la organización funcional del organismo.

Estas siete ruedas de potencialidad y conocimiento deben ser desarrolladas y armonizadas para llegar a su máximo esplendor.



Un poco de historia


Si bien la noción específica de chakra proviene de manera indiscutida de la tradición hindú, lo cierto es que a lo largo de la historia, diversas civilizaciones han tenido conciencia de centros energéticos corporales o áuricos, amén de que los nombraran de otra manera. Los antiguos egipcios, los chinos, los sufis, los mayas y los incas, entre otros pueblos, tenían conocimiento de estos focos magnéticos corporales que operan como reflejo de las leyes naturales del cosmos y de la energía universal.



Por qué y para qué desarrollar los chakras


Cada uno de estos centros funciona con una suerte de válvula interconectada que se abre por sí sola y permite captar y canalizar de manera adecuada la energía. Al tratarse de un sistema armónico, cuando se produce una disfunción, desarmonización o bloqueo en una parte de él, esto genera necesaria e inevitablemente un impacto en el resto.

Es decir que cada uno de estos centros de energía pueden hallarse armonizados o desarmonizados, desbloqueados o bloqueados, abiertos o cerrados. Y cada chakra influye sobre una determinada área corporal y psíquica, que trabajará por lo tanto de manera eficiente o deficiente.

Algunos creen que las pautas de energía insuficiente o excesiva son motivadas por las experiencias infantiles, familiares y culturales. Una inseguridad emocional vivida tempranamente puede cerrarnos un chakra como mecanismo de defensa, o desarmonizarlo y hacer que funcione mal.

Sin embargo, es posible trabajar sobre ellos de maneras diversas para lograr su pleno desarrollo y armonía.

En caso de alguna enfermedad, el trabajo con los chakras acorta y refuerza otras intervenciones terapéuticas.

Y en el caso de no sufrir ninguna dolencia en particular, trabajar sobre los chakras para lograr su armonía y pleno desarrollo, redunda en un mayor bienestar psico-físico-energético ya que permite el despertar de todas nuestras potencias.



Chakras, energías vitales.
Erica Gómez del Corral

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